domingo, junio 28, 2015

Caso ruso, casbah Sabela

Hablando de EE.UU.
Hablado de EE.UU.

Hablando de nuestros hijos: Filadelfia, Los Ángeles, Washington
Vuelta hablar de lo mismo
Hablando ahora de Baltimore 

Todos los viernes voy a una librería. Uno de los libros que compré fue “Diario de Moscú” de Walter Benjamín, a quien por fin estoy leyendo más seriamente, pero sin pasarme. Es muy interesante y me he encontrado con los primeros apuntes filosóficos o ensayísticos. Es el primer libro que me induce a tener una idea topográfica o del callejero de Moscú. Benjamin  empieza  a saber moverse por ella, y con él el lector. No compré el diario porque era de Benjamin, que me interesa mucho, pero sí seguro por Moscú, aunque sabía de su estadía allí por su amor a la actriz Asja Lacis (Benjamin es al amor un poco más que mi hermano, o sea  un anhelo a modo de holograma en el cielo sin luna  y casi sin cielo)   y su conversión más que heterodoxa al marxismo. Como toda la Escuela de Frankfurt, por otro lado.  Lo que viene a confirmar lo que decía hace poco: mi atracción por Rusia desde la lejanía, que es lo que realmente te aproxima. Podría tener oportunidad de ir al Sáhara, pero no pienso ir nunca. Entre otras cosas porque no tolero que me ofrezcan té  (TRES) cuando yo lo que bebo es cerveza. Yo no ofrezco o regalo lo que me gusta mí, sino al otro. Detesto el etnoturismo de purpurina y confetis, solidario turbante. La cultura y el conocimiento permiten los  amores a distancia, no hay ninguna atracción física que saciar. Ni siquiera curiosidad que no aporten los libros.
Heidegger fue ya muy mayor a Grecia, un viaje que se lo compró la bruja de su mujer, iba aterrado no fuera a defraudarle y lo que había sido un faro vital de referencia quedara desplomado  por la realidad. No ocurrió, tampoco el éxtasis.
Ayer a la noche en ese ático de ensueño sobre el parlamento de Canarias y casa del arquitecto Marrero Regalado,  de Sabela volví a  estar muy a gusto, tan cosmopolita todo,  su hija en LA California, trabajando en una productora independiente, sus avatares, su época de  tía más perseguida de Santa Cruz. Mi hermano, al que ahora conmino por su bien, fue con un rosado de una marca muy menor y se empeñó  a que con el postre nos bebiéramos ese bebedizo de clochard, tanto XY, Fer y yo lo despreciamos.
Siempre estoy feliz en ese ático,  donde todo (lo que no lleva mi hermano) es exquisito, pienso lo que nunca, que soy alguien con estilo…. jocoso. Perdón.
Fer se pone en su casa  una camiseta  con la bandera americana, en la que reza abajo BALTIMORE - es la primera ciudad de EE.UU. que conoció Espy-, cuando la lleva puesta y se ha fumado varios porros,  se lo señala a Rosita, y le dice “donde va ir  a morir Jose”, me contó ella.
Ahora los blindados del ejército rojo, atravesando los grandes ríos, el último el Oder, con  sus motores rugiendo van camino de Berlín sin fuerza humana que los pueda parar. No he encontrado mejor metáfora para referirme a mi tercer libro sobre el sindicalismo y el laboralismo, en el que doy cuenta de mi caso (cómo para no hacerlo), pero  que no es lo más importante. Donde hay que depositar la mirada y la atención es en mundos muy anodinos, sin sustancia, a los que nadie presta interés, pero que están anormalmente vigentes. Casualmente lo que hacía Benjamin. Ya marcha sobre ruedas, o cadenas más bien. Nunca pensé que saldría tanto y tan bien. Para el pensamiento personal es fundamental la libertad, no estar constreñido por entornos y lugares comunes, consensos implícitos. Hay que aportar. Tratar de ser  y ser referencia obligada.

Si con Vasca cultura de altura cerré una etapa o compromiso con mi país, incluso con mi padre, con  este tercer libro cierro otra que no creía que me pudiera reportar el más mínimo resultado intelectual o cultural, incluso educativo o de urbanidad. O tan pedestre como la siembra de remolacha en campos exhaustos. Vaya que lo he sacado, era el único que podía hacerlo y lo estoy haciendo. El obrerismo sindical objeto de crítica intelectual, tanto que he denostado el pensamiento pancarta...



miércoles, junio 24, 2015

La declaración de la renta, la selva y la guerra

La soldadesca de progreso bolivariana y sus pinturas rupestres  y rituales de guerra
Gracias a ese hombre providencial que siempre ha sido  Nuestro Amado Líder he ido a que me hicieran la renta; la que me hacía lo dejó. Me pregunta: "¿casado?" "Sí". Me apostilla campechano “De momento”.
-Bueno, momento largo,  voy para las bodas de oro, ya ni me acuerdo de las de plata- le respondo.
-Lo decía, porque yo me he casado tres veces.
-Qué envidiable, son los hombres que yo admiro, los que tienen biografía- en absoluto se ha molestado. Le podía haber dicho que me casé con la misma dos veces, pero hubiera quedado como el inútil mayor del mundo, qué vergüenza sólo pensarlo. Estos  polígamos sucesivos son por naturaleza emprendedores, capaces de levantarse cuando caen, incluso de ponerse a volar por sí por mera "gosadera", en cuanto  atisban una flor muy perfumada de un color delicado y subyugante en la linde del camino que lleva al bosque.
Ese dato objetivo que acompaña a estos hombres tan capaces, se demuestra en su iniciativa y progreso en sus actividades –son industriosos-, como este amigo de NAL, de trato familiar, desenvuelto,  trabajador, muy resolutivo No me he confundido mucho ni he estado muy torpe.
Bueno algo, me pide la última declaración de la renta, y le entrego una papelería añadiendo que es  una declaración de hacienda muy pretérita.
-No, esto es  del ayuntamiento… coches, basura…
-Sí, sí no sé cómo se habrán  entremezclado. La administración como es tan jungla nos hace a todos un poco simios, bueno por lo menos a mí.  
Este es el tipo de personas que siempre me hacen parecer torpe, lento y un poco límite. He salido bastante airoso. Creo que he descubierto quién podría ser la tercera esposa. Vestidito de flores, sandalias de tacón de esparto o parecido. La he mirado para ver si me miraba y por supuesto me ha ignorado. Estos tíos te ponen macho y competidor, te devuelven a la selva. De donde extraemos nuestro alimento más recóndito e imprescindible, nuestra esencia humana animal.
El lunes en Los Reunidos convenimos Fer y yo que afortunadamente jamás se extinguirá la guerra.  Por terrible que sea, ¿alguien se ha tomado la molestia de pensar el tipo de humanidad, de humano que sería el que  hubiera desterrado la guerra, porque se parecería muy poco a nosotros? No creo que bebiese ni pecase. Para poder  gozar hay que sufrir, el precio del nirvana es altísimo: el vacío. El ser humano jamás va a aceptar sus límites, quiere erradicar todo lo inconveniente, sueña  con una mutación genética, salvo los anglosajones.
A qué no lo habéis pensado nunca, cómo sería el hombre sin guerras, de que estaría despojado y mutado, podría ser mínimamente interesante, podría darse lo imprevisible, lo grandioso y hórrido, la complejidad y oscuridad del ser humano.
Un mundo sin el Ché ni Fidel, sin los  bolcheviques, ni el Polisario, el Quinto regimiento, las Brigadas internacionales, Líster y El Campesino. Sin No Pasaran y  Pasionaria, sin los cohetes de Hamás de Gaza que puedan demostrar lo asesino de los judíos… ¿lo aguantaríais, seriáis capaz de soportarlo?  

 



domingo, junio 21, 2015

Yo sí que he cumplido (pincha)

Estoy muy contento, me he encontrado en la propia web de la Biblioteca del Congreso de EE.UU. de lo que he dado cuenta inmediata en mis blogs. Faltaría más. La única realidad es la virtual, ahí está todo. Es lo único que me interesa de ser escritor y ensayista, lo que realmente lo simboliza y justifica. Simulacros caben todos.
Aparece mi nombre junto a una pequeña bandera americana. Además estuve en esa biblioteca, detrás del Congreso y  alineada con el Tribunal Supremo en Washington , Fer y Rosita los compararon con el Hermitage de San Petersburgo. Jefferson, Adams, Madison, Franklin… estamos todos.
Aunque aparezca "Vasca cultura de altura"  (con toda justicia) también está "Abogados laboralistas y pos-sindicalismo" si entras en http://viaf.org/viaf/46272645/#skos:Concept.
El viernes pasado compré dos libros en La Isla: "Padres e hijos" de Turguénev y otro “De Tánger al Nilo”de Javier Valenzuela. A la tarde pensé en la elección de esos  libros, ahora, bueno ya hace tiempo,  me atrae la literatura y revolución rusa, lo deduzco forzosamente por los libros que compro, no parto de que el tema me atrae y compro. O sea sale. Nunca iría a Rusia, me quedo con su literatura, su campo, su alma y sus siglos XIX y XX. Me gustan los autores, siempre se respira el mismo clima, la presencia de lo rural con su pureza y vida monótona atravesada por amoríos e ideas nuevas. Hace poco compré el último libro del inglés Julian Barnes, sobre su viudedad. Me parece más interesante la gran prosa moderna –no me refiero a la literatura de entretenimiento, a las redacciones  o ejercicios creativos- , tiene otra estructura, fundamento, temas, es híbrida, se ordena de otra forma, mucho más sugerente (cómplice)  e innovadora. El paradigma es más ingenioso y brillante, no hay previsión.
Ocurrió hace unas tres semanas, compré  “Historia del  Marruecos moderno”, más que apetecible,  un tesoro.  Me atrae muchísimo Marruecos, derivación del Sáhara y asunto vivencial. Es una atracción que nunca hubiera imaginado. Si hiciéramos caso a mi vida entera hasta hace 10 años, lo natural sería que fuera entre indiferente y hostil a Marruecos, y  que me deprimiese totalmente de no poder eludirlo. En casa empecé a maldecir que  no pudiera leer lo que realmente me atraía (ese libro), no estaba yo para dedicaciones  placenteras.
Estoy  dedicado al sindicalismo, después de tanto impasse ahora con  fuerza. ¿Pero tienes algo más que decir sobre el sindicalismo y el laboralismo? Era la pregunta casera. Lo lógico sería que no, o al menos, tengo una historia: la mía. Mi peripecia que es única, ha quedado casi relegada  por los análisis del sindicalismo y el laboralismo. Se trata de intuiciones y ángulos de crítica que jamás se han hecho y van al meollo de las cuestiones. Pocas cosas tan gratificantes –aparte los encuentros en google- como saber que te adentras  en territorios vírgenes y poder contarlo bien.  De todas todas, soy el autor de esas cuestiones.
Esta semana descubrí una cosa inmensa. Lo que me llevaba, tras  más de tres décadas en un sindicato y además la USO -para un exradical , muy naif y light-, era algo en lo que jamás hubiera sospechado:  la pericia y el análisis del sindicalismo y el laboralismo. El testimonio, la historia  de ese mundo. En realidad he sido el único que podía hacerlo. No creo que nadie se pueda  llevar más, y de donde menos lo espera. Todo mi incomodo, inadaptación, lejanía, falta total  de aprecio de ese mundo, de súbito –esta semana-  descubro  el poder ser,   y lo  soy,  el único analista riguroso y crítico de esos mundos de dios. Resulta increíble, y tan paradójico…
Yo sí que he cumplido.



viernes, junio 19, 2015

Lo que ayer se dio en acontecer

Wittgenstein: “La filosofía tiene como objeto cómo pasar de un sinsentido no evidente a un sinsentido evidente”. Ayer hablando con Juan Mingot no me acordaba bien  de esta frase, la he buscado y encontrado.
A Juan, que leyó el Tractatus hasta el final
Ayer en el casino me encontré con un profesional, al que  le conté mi situación y me preguntó por la escritura. Después en el bar y antes de la conferencia de mi hermano, me vino a presentar a un gran empresario, y otro compañero que estaba en la barra también me vino a saludar, todos muy afectuosos. De lo que no me he acordado hasta ahora. Resulta que no tengo la más mínima vida social y la que podría tener en lo profesional la evito. Simplemente voy de amigos a amigos, lo que no es propiamente vida social. Pues sigo. Tras el acto, mi amigo Arturo, que me había dado un gran abrazo al comienzo -¿pero no me odias o al menos me detestas? le pregunto (le enviaba correos sangrientos),  en absoluto me contesta-, me dice  te quedarás a cenar con nosotros (en el casino). No gracias, yo me voy a beber y no a mariconadas de cenas. Este es representante  cualificado de los liberales conservadores y un erudito e intelectual. Luego me vino Ignacio que es anarcocapitalista, o sea neoliberal de verdad, intelectual. Que se muestren obsequiosos conmigo tienen un único significado y es que pasan de mí, yo pensaba que tendrían la deferencia de  considerarme al menos como un  enemigo de clase, pues no, debo ser  un tipo del que solo cabe decir “es un tío simpático”. En resumen: ¿Qué pasó ayer en el casino?, que entré entre simpatías y salí de igual forma.
Desde luego, como no frecuentes a la derecha, no hay la más mínima posibilidad de intercambio intelectual, para no atrofiarte  y empobrecerte hay que escapar de la izquierda, y mantener distancias. Lo único que les salva a estos, es que son los de los bares.
Todavía en el bar del casino Fer se pone hablar con Ex Doctor Harris, son colegas y trabajaron juntos. ¿A qué Fer era el más vago de toda la consejería? Siempre ha presumido, pero EDH no se atreve a corroborarlo. Y eso que Fer lo enfatiza  en ese momento de nuevo. Yo hablo con Juan, un "Mácaros" muy interesante y muy ilustrado, también ingeniero. Los humanistas de ciencias.
Me niego a hablar de la existencia de dios, porque no me interesa lo más mínimo. Me interesan las religiones muchísimo, pero nada Dios. Como Kant, es la cosa en sí, sobre lo que no cabe reflexionar. Lo que más me molesta de todo es el tema del aborto. No hablo ni escucho. Hablar supone de entrada penetrar en un debate teológico medieval sobre el concepto de sustancia. No hay debate posible sobre sustancias. Es una cuestión ontológica, o sea éter, sin soporte epistemológico riguroso: que debiera ser el que se considera insuficiente y dudoso.
A Juan le encanta mi plan de Baltimore y que solo conciba morir a manos de un americano, por deferencia y respeto a mis hijos.
EDH me insiste que en el periódico me deje de rollos y que escriba de mis historietas del blog, que corte y pegue, que es lo que tiene sustancia…¿o accidente?



Ayer en el casino

Igual ponemos texto esta tarde o noche, no sé si da de sí, o lo que contaría lo deba contar

miércoles, junio 17, 2015

Mi hermano y yo los primeros en el periódico

Mi hermano y yo nos tomábamos por gente de los límites, suburbiales, transfonterizos pero cayendo  del otro lado, no tanto enemigos de la humanidad como sospechosos para ella, malencarados, turbios, con seguras dobleces. Pero ni siquiera merecedores de estigma.
Cuando Dios le preguntó a Caín por su hermano Abel, aquel respondió  “acaso soy yo el guardián de mi hermano".  Efectivamente no lo era. En un punto anterior  es donde da comienzo la ética, porque Caín quiere decir que tanto él y Abel son distintos y autónomos, y por supuesto no es el guardián de su hermano. Pero no deja de ser una mera afirmación ontológica, relativa a dos seres diferenciados sin  en principio ningún vínculo que no sea el propio ser.
Levinas, el gran filósofo judío lituano francés, señala que la moralidad es algo previo a la constatación ontológica del individuo, la precede. El hombre no es “con”(mittelsein: Heidegger) los otros, sino el otro es su rostro, su vida, nuestra responsabilidad frente a lo que expresa se vive a través de ese rostro. Y esa visión  central del rostro con sus surcos, significados, expresiones es  el que nos hace frente a los demás, antes que cualquier disquisición ontológica. El otro es un aserto ontológico, el rostro no, sino una radiografía llena de debilidad, sugerencias e inducciones existenciales profundas.
Es inaudito, injusto, incluso esperpéntico que  mi hermano y yo, seamos “Trendig topic” de mi periódico. Abres "criterios" y en el nº 1 sale (ahora mismo estamos “se-gun”, pero todo el día "top") el nombre de mi hermano y mi artículo. Hacía semanas que no lo era, y pensaba que mi hermano sería un lastre que me imposibilitaría asomarme a la superficie del 12 semanal o el 10 diario.
Aquí si hay una cuestión ontológica ¿Quiénes somos realmente y cómo podemos ser apreciados por las masas, aunque sean lectoras? Nosotros que detestamos los lugares comunes, lo convencional,  tópicos, estereotipos, prejuicios,  la  opinión común, las masas, la ramplonería , lo pedestre, la pobreza de espíritu…. ¿Estaremos dando un perfil Podemos, o peor aún, progre?
Se supone que somos intelectuales difíciles, a los que nadie nos puede entender nada ni prestarnos un segundo de atención y que encima  estamos orgullosos de frecuentar  periferias y suburbios, llevar una vida de proscritos y marginales, atesorar enemigos, ser vistos con sospechas y dudas, dar a entender que habitamos en el espíritu y que en todo lo demás somos foráneos e intrusos, que hemos reconvertido nuestra básica inadaptación a la vida, de forma neurótica en encarnar una  suerte de Siddhartas occidentales.
Hace un rato me ha llamado un amigo al que yo tengo mucho respeto: estudió teología y philosofhie, fue profesor de filosofía y se hizo abogado, y conoce el latín y el griego. Es mayor que yo. Está pues  en posesión de los atributos que yo venero. Ha elogiado en grado sumo mis artículos de El Día (lo mejor, lo dice él), y que algunos los recorta. Teniendo en cuenta a quién puedo recortar yo…como mínimo un francés, me he quedado aún más ininteligible.
Somos de masas o de minorías muy distinguidas. Debemos alegrarnos, o constatar que por un camino u otro no podemos sustraernos a la idea de arruinar lo poco que conservamos.
Mañana nos dejaremos ver por el Casino, si somos recibidos por las masas, no podremos ya sustraernos a nuestro sino.  Pensar que solo hace unos años nos arrastrábamos por cafeterías y discotecas…