martes, agosto 19, 2014

María Luisa Carcedo PSOE y Azores

EL ODIO COMO GRAN FACTOR POLÍTICO 
El odio es un  factor que cada vez me interesa más en la política, y en la izquierda. No es suficiente el resentimiento. 
Tiene que haber mucho más tras la elusión  radical de los análisis y los hechos.
Las Azores, al menos no son los Ozores (los hermanos), aunque vaya usted a saber.

lunes, agosto 18, 2014

Agradecimiento en El Día. Blas Cabrera

Leo desde Bilbao que ayer se publicó en El Día un artículo: AGRADECIMIENTO de un familiar de esa eximia figura internacional, canaria, que es Blas Cabrera y en el que se me agradece el artículo dedicado a él. Muy honrado, gracias también

http://eldia.es/criterios/2014-08-17/7-Agradecimiento.htm

Blas Cabrera merece estos tributos, el artículo es digno de  leerse y ser guardado.

domingo, agosto 17, 2014

Los de Abba en Castro

Según refiere Nuestro Amado Líder que refieren

sábado, agosto 16, 2014

Mutación en mi vida

                                             Con Herr y Frau Apfel en Castro
Últimamente he empezado a desdeñar casi todo. Ni he ido ni pienso ir a un Pub cerca de casa donde iba siempre, aunque el dueño fuera un estúpido, Las cenas son frugales pinchos y lo  atrayente  es tomarte en casa  un descafeinado con galletas, tipo mi madre (otrora).
Se puede vivir así perfectamente. Una cosa de edad, no hay otra explicación,
Hoy dos aciertos inconmensurables, la compra en el Museo de BBAA, tras la didáctica y temporal exposición de arte japonés (propios fondos del museo, legado de un industrial; el valiosísimo núcleo del museo son donaciones de la alta burguesía industrial y financiera de Bilbao)  y el “Menú  de fiestas” en el Iruña: sacrosanto. Unos entremeses gloriosos y en mi caso chipirones frescos (los pequeños) en su tinta, como hacía muchos años que no los probaba. Un camarero canario, que está feliz. “Allí no tienes ningún futuro, no te valorarían, les daría igual” –le animo- (es de los que disfrutan trabajando, fino, veloz,  con  iniciativa y muy laborioso). "Ya lo sé, pero salgo con una chavala de aquí" –me contesta.
En Bilbao se ven ahora  muchos emigrantes, lo que como siempre da color y aminora el aburrimiento y la uniformidad.
Oyes hablar francés, italiano, alemán y ocasionalmente inglés. Lo que es casi imposible es oír hablar euskera, también es cierto que en Bilbao nunca se ha hablado, al menos si nos remontamos a 1300, fecha de su fundación. Se comprueba como la Administración no puede con la sociedad civil. En la estación de Atxuri las indicaciones están sólo en el idioma que no oyes hablar. La marcha de los tiempos hará que en Europa y España en un lapso de 40 años y gracias a un mundo globalizado, interrelacionado y competitivo,  acabe teniendo más protagonismo la sociedad, la ciudadanía, sus propias opciones.
En mi expueblo de veraneo, lo único que te hace no bostezar, aunque la gente sea afable pero aburrida a más no poder, es una concentración pro presos. Es como otra galaxia, porque al final el hartazgo se palpa. Me acordé del Kurdistán o del Ulster hace 40 años: el delirio trabado a la noche de los tiempos, dentro de una modernidad económica y social radical. Que no cultural y antropológica.
Bilbao podría ser destino turístico sólo por su enorme calidad y belleza  urbanística y  arquitectónica, su modernidad, bienestar compacto, desarrollo, equipamientos, mobiliario urbano, transportes, seguramente la mayor calidad de  bares del mundo, su comercio de primera fila –hasta las grandes marcas ofrecen artículos mejores y    más variados- a lo que hay que sumar la oferta (e instalaciones)  cultural de productos.

jueves, agosto 14, 2014

El arte de no saludar

 
Nada más bajar del tren en el pueblo de veraneo (metro + tren), la madre y hermana mayor de un amigo. Llevo gafas de sol para sentirme en penumbra generalizada y con  visión general muy menguada (visión ultravioleta nocturna).
Hostias, me han visto, si han pasado 500 años y hemos llevado una vida muy disipada para ser reconocidos, y oigo “se parece”. Claro, pienso para mí, como que soy yo mismo. Esquivadas. Mi idea es hacerlo con todos. 
Entramos en un bar,  gafas de sol, parece que es la madrugada sin luna en el centro de la Selva Negra y oigo  al dueño: hombre, si estás como siempre. Qué descaro.
Al salir dos cuadrillas del pueblo abrevando, me hago pasar por extranjero con curiosidad por los techos, de reojo veo caras conocidas mirándome, pero sigo absorto en los inexistentes frescos que adornan el techo.
Vamos al puerto y es un no parar, no puedo entra en un bar, me vienen a saludar varios después de llevar sin ir en agosto 13 años. Me sincero con una, con gafas trato de ilusionarme de que ni veo ni me ven.  Tú eres demasiado conocido, me responde.
Saludo a un  amigo de la cuadrilla de  verano. Ha tenido cuatro parejas duraderas, y me habla con desdén del sacramento matrimonial de otros amigos. Ha estado 6 meses en Argentina y forma parte de esa modalidad vascongada que -absolutamente integrado en lo más genuino  de la sociedad vasca, en su núcleo de valores, costumbres, sociabilidad  carismáticos-  se creen que, porque hagan viajes con  diez o doce gramos de  vibración antropológica,  un puñado de condición de viajero versus turista, una cuchara de aventura, una loncha de hipismo, ya  mantienen distancias con el entorno  y lo ordinario vasco. No conozco ninguna genuinidad vasca, porque quienes  así se creen  lo son para devolverlo allí de donde se han ido un rato y ser  valorados, o buscarse una distinción entre los ordinarios, normativos, tradicionales muy clásicos.
Y he seguido sin saludar. ¿Qué busco? Lejanía, ajenidad, qué aburrimiento. Ahora como me pare -quiero decir me paren-,  me pongo encantador, hasta yo lo percibo.
Hemos quedado dentro de unas horas con Nuestro Amado Líder en Castro Urdiales. Vimos el nuevo San Mamés, mi pueblo refulge, poca gente, se están levantando las Txoznas, las terrazas invaden las aceras con techos de color azul Bilbao.
Getxo está tranquilo aunque acabo de tener un enfrentamiento con una  camarera obviamente vascongada. Tenía problemas  de electricidad y no me cobraba, y encima cabreada.
Le he tenido que  decir: o vas  a cambiar al lado, o  me invitas o haberme dicho de entrada que no ibas a tener 0,70 para devolverme. Dos veces. Voy, voy, voy, voy… fuera de sí. Como yo también soy local: ya-ya-ya-ya-ya-ya-ya-ya… que casi lo culmino -porque así empieza-  con un irrintzi, ese grito ancestral Baskisch.    

martes, agosto 12, 2014

Artículo de esta semana en EL DIA: Blas Cabrera

                                
                                             Blas Cabrera, también pensador 

http://eldia.es/criterios/2014-08-12/11-Blas-Cabrera-pensador.htm